La honestidad es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo con como se piensa y se siente. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo. Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos. El autoengaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.
En 11 años que tengo como profesor de Telesecundaria, una sola vez he sido testigo de un acto de honestidad superior: una alumna me solicitó corregir su calificación. Lo increíble del caso es que era en su contra y no a su favor. Cometí un error al cuantificar sus aciertos y le otorgué un 9 en lugar de un 7. Al percatarme de la situación, dejé su calificación en 9 y la felicité por su integridad personal. Aun así, me pareció que estaba siendo testigo de un acto en peligro de extinción.
Con todo esto quiero decir que a los jóvenes les cuesta trabajo ser honestos, aunque hay excepciones, como la de la joven que mencioné.
Actualmente sucede con la mayoría de los adolescentes que:
Si van a la tienda y el tendero les da cambio de más, se quedan callados.
Si sus padres no reclaman el cambio del billete que les dieron para ir a comprar algo, se quedan con él.
Si ven en la escuela una moneda o un billete tirado, lo primero que hacen es voltear para ver si hay alguien más que los esté observando para recogerlo y quedarse con él. Y si lo mismo sucede en la calle, con mayor razón se guardan el billete.
Si a alguien se le cae un billete en el salón de clases, algunos, -no digo que todos-, de inmediato colocan su pie encima de él para cubrirlo y luego cuando nadie los observa lo levantan o fingen que se les cayó (esto lo he visto).
Si van a los sanitarios y encuentran en los lavabos una joya que alguien olvidó por lavarse las manos o la cara, de inmediato hacen cálculos mentales acerca de las probabilidades que existen de que los descubran y si las ven remotas se quedan con ella. En una ocasión olvidé un reloj en los sanitarios de las áreas administrativas, en donde se supone que entramos solo los trabajadores, cuando me di cuenta de ello regresé por él y ya no estaba, jamás lo recuperé.
Si encuentran un celular con chip simplemente se lo quitan y se quedan con el aparato.
Si encuentran una cartera o bolsa tirada por lo regular piensan en quedarse con el dinero y deshacerse de lo demás.
Si ven la posibilidad de ganar un partido de cualquier deporte haciendo trampa para confundir al árbitro, lo hacen…
Y un largo etcétera que podría llenar varias páginas.
Curiosamente si un joven actúa honestamente los demás lo tachan de tonto. En el peor de los casos es su propia familia quienes le “aconsejan” o “sugieren” al adolescente que se quede con aquello que no es suyo.
A los adolescentes les cuesta trabajo, mucho trabajo ser honestos. ¿Pero solo a ellos? Desde luego que no, esto no es exclusivo de los jóvenes, igual sucede con los adultos.
Ahora bien ¿Por qué hay que ser honestos?
Porque nos dignifica como personas, nos da un valor diferente y especial como personas. Nos ayuda a hacer la diferencia como seres humanos. Es verdad que es difícil, que cuesta mucho trabajo y que te privarás de un gusto momentáneo, pero la satisfacción de actuar con rectitud y de "ser derecho" como se dice coloquialmente, esa nadie te la arrebata. Así que tú adolescente, ¿Qué dices?....